Artículos

Página 44 de 84

Propensión a Conductas Antisociales y Delictivas en Adolescentes Mexicanos

INTRODUCCIÓN

La adolescencia es un periodo de transformación con­tinua que requiere ajustes a cambios biológicos, emo­cionales y sociales del propio desarrollo. Cuando los factores anteriores se combinan, pueden influir a que los jóvenes presenten problemas de comportamiento, particularmente conductas antisociales, y que lleguen a involucrarse en actos delictivos (Erickson, 1992).

     Actualmente existe una multiplicidad de términos para referir una conducta antisocial, tales como los comportamientos agresivos e impulsivos, así como los trastornos o problemas de la conducta, entre otros (Sanabria & Uribe, 2009). De acuerdo con Hibbs y Jensen (1996), una conducta antisocial es considerada como la oposición a las reglas de la sociedad. Esto es, una diversidad de actos que violan las normas socia­les y los derechos de los demás; mientras que la delin­cuencia se refiere a actos cometidos por personas más jóvenes que su edad legal (Erickson, 1992). Estas des­viaciones de la conducta comprenden actos legalmente definidos como delictivos, tales como violencia, robo o vandalismo, hasta una variedad de conductas no delictuosas, como agresión, peleas, prepotencia y, en general, un quebrantamiento serio de las normas en el hogar y en la escuela (Kazdin, 1988; Erickson, 1992).

     Las conductas antisociales a menudo tienen serias consecuencias inmediatas, tanto para el joven que las tiene (por ejemplo, expulsión de la escuela u hospitali­zación) como para aquellos con quienes interactúa (por ejemplo, las víctimas). Además, al llegar a adultos, estos jóvenes están en riesgo de diversos problemas personales y sociales, tanto en el trabajo como en el hogar y, en ocasiones, de conducta delictiva y alco­holismo (Kazdin, 1988). La delincuencia implica altos costos económicos y sociales por la desintegración de las familias, la pérdida de vidas, la atención de la salud, así como programas educativos y de rehabilitación (Sanabria & Uribe, 2009). Por lo que la participación de los jóvenes en actos antisociales y delictivos es consi­derada como una amenaza potencial para el desarrollo personal, social y económico de un país (Organización Mundial de la Salud, OMS, 2003).  

     En México, las conductas antisociales, y en es­pecial la delincuencia, han aumentado en los últi­mos años. Un estudio llevado a cabo en la Ciudad de México con más de 10 000   estudiantes de  nivel  medio y medio superior

   

reveló un incremento en este tipo de comportamiento en los jóvenes, y la tasa fue mayor en las mediciones hechas entre 2000 y 2003..En gene­ral, se incrementaron en mayor medida las conductas relacionadas con el factor de violencia y robos –que incluía actos como tomar dinero con valor menor a 50 pesos, tomar mercancía sin pagar, tomar parte en riñas, golpear o dañar objetos, golpear o herir a perso­nas y prender fuego a objetos–, y en menor grado los actos antisociales graves –tomar valores por 500 pesos o más, forzar cerraduras, atacar a alguien usando algún objeto o arma, vender drogas y usar un cuchillo o pistola para robar (Medina-Mora, Villatoro, Gutiérrez, Juárez & Fleiz, 2005)–. Así también, estadísticas del Consejo de Menores indican que en el Distrito Federal el número de jóvenes puestos a disposición aumentó de 2 556 en 1998 a 4 166 en 2005, y en el ámbito nacio­nal, tan sólo durante 2002, ingresaron más de 31 mil adolescentes de entre 11 y 17 años de edad a centros de tratamiento juveniles. Cifras que ponen de mani­fiesto la necesidad de analizar la evolución de dichos comportamientos, así como los factores que propician este tipo de conductas entre los jóvenes (Secretaría de Seguridad Pública, 2005).

Desde este enfoque, investigadores en diferentes países han encontrado que el comportamiento antiso­cial y delictivo tiene un inicio temprano en los jóvenes, y la violencia más seria tiende a aumentar con la edad, acentuándose especialmente durante la adolescencia (Loeber & Hay, 1997; Storvoll & Luichstrom, 2003). Así, en un estudio con 4 152 adolescentes españoles entre 12 y 17 años de edad, se encontró que éstos co­menzaban a presentar estos comportamientos a partir de los 13 años de edad. Además, 9.2% de ellos se con­sideran “delincuentes peligrosos” (Rechea, 2008). Otra investigación con adolescentes colombianos (Sanabria & Uribe, 2009) reveló que los jóvenes entre 16 y 18 años de edad eran los que más mostraban conductas antisociales y delictivas, en comparación con los de 12 a 13 años de edad. Un estudio similar en Estados Unidos mostró que los chicos entre 8 y 14 años de edad tenían relativamente leves problemas, y los de 15 a 20 años más severos en cuanto al uso de alcohol y marihuana, historia delictiva por violencia y delitos por daños a propiedad y desorden público (Dembo, Schmeidler, Nini-Gough & Manning, 1998). En un estudio en México,se observó que los jóve-

 

48 | Psicología Iberoamericana | Martha Leticia Gaeta • Agris Galvanovskis
Página 44 de 84
Comentarios